El pasado 11 de julio, La Silla Corp reunió en el Club Segundo Piso a Chini.png, Juana Ácido y Monito Guitarra para una noche donde el folk, el ruido y los cerros porteños se cruzaron en un mismo escenario. Entre desconocidos que terminaron cantando juntos, la productora demostró que en Valparaíso todavía se puede construir escena desde el cuidado y no solo desde la cartelera.
Desde que empecé a carretear en Valparaíso, a los 20, mi hermana siempre me contaba historias del Huevo. La verdad es que yo no les prestaba mucha atención, no era el lugar al que solía ir, hasta que empezó a fragmentarse en distintos establecimientos. El Club Segundo Piso es uno de esos lugares: amplio, oscuro, ruidoso. Fue el escenario de la fecha organizada por La Silla Corp, un saludo al largo regreso de Chini.png, que llegaba desde Santiago sin pisar Valparaíso hace tres años; Juana Ácido, porteña de nacimiento, también se hizo presente; y desde el interior venía la quilpueina Monito Guitarra.
Esa noche se repitió una escena que ya dejamos de mirar, para empezar a vivirla de nuevo. Un grupo de desconocidos, una sala, guitarras, y algo que se afloja en el cuerpo colectivo sin que nadie lo pida. Le decimos «buena vibra», le decimos «buena noche», porque no hay manera de resumir lo que en realidad fue algo mágico: alguien se dejó ver, y el resto decidió, sin acuerdo previo, cuidar eso. Esa sinergia, cuando aparece en un espacio público, no pide permiso ni se anuncia. Simplemente sucede.
La Silla Corp nos invitó a comprobarlo el pasado 11 de julio, en aquel club, una noche pensada para tres voces que no se parecen entre sí, pero que terminaron por hablar el mismo idioma: el vínculo como material de trabajo.
Canciones que lo valen todo
«Canciones que no cuestan nada» es el nombre de su álbum debut. Monito Guitarra abrió la noche con un sonido alejado del que tanto la caracteriza, un cambio que cuenta sin nostalgia. Lo acústico ya no le calza del todo, y hoy prefiere el ruido de una banda completa, aunque eso signifique reescribirse en vivo.
Su música viene de una genealogía folk muy concreta: un grupo de amigos que se hacen llamar «antifolk», nombra a sus amigos, músicos también, Uaco y a Mai; y a referentes como Charly García o Animal Collective. Y ahí aparece algo interesante en el sonido de esta joven: la idea de que las bases de la música están para romperse. Lo tierno, dice, se le fue atribuyendo a su forma de escribir casi sin buscarlo; nunca le gustó complicar una canción, prefiere que se entiendan a la primera, con títulos medio cómicos y un lenguaje coloquial que no necesita palabras grandes para llegar a cualquiera.

Llegó esa noche por Instagram. La Silla le escribió sin que ella supiera bien cómo dieron con su nombre. Subió acompañada de sus amigos, no de una producción ajena, y esa diferencia, tan simple, es quizás la más elocuente de la noche. La ternura, otra vez, no como tema sino como red.
Vivir entre cerros
La segunda de la noche era la icónica Juana Ácido, quien creció entre cerros. Esto no es un dato biográfico menor sino algo que le moldeó el oído: la obligó a observar, a detenerse en los detalles, a convivir con esa mezcla de comunidad, bohemia y mar que se filtra en su forma de desenvolverse en el escenario. No es de extrañarse, viene también de su papá, músico en la escena porteña de los setenta y ochenta, cuya tradición siente que viaja con ella cada vez que sube a una tarima.
La música de Juana te envuelve, dejando un resultado de una mezcla casi imposible entre Amy Winehouse y Fiona Apple, fundida en un fraseo que es completamente suyo. No es un rock que busca sacudir desde el volumen, sino desde la atmósfera. Uno que te hace soñar despierto.

No era la primera vez que Juana tocaba en el Club Segundo Piso, y se nota: para ella es normal compartir backline, cables, o acomodar el orden de las presentaciones si alguien lo necesita. Y ahí aparece La Silla con nombre propio. Tocar en el circuito que están impulsando en el club ha significado, dice, ser parte de una escena en movimiento, un punto de encuentro con escenario, sonido e iluminación de calidad, pero sobre todo con un equipo que entiende la música como creación genuina y como colaboración.
“Son un equipo muy profesional al producir y tienen una gran calidad humana, lo que es muy importante para mí a la hora de trabajar”, nos dijo. “También me gusta mucho que su programación sea diversa, que participen proyectos de distintas características y que haya una presencia importante de bandas y proyectos con mujeres entre sus integrantes. Siento que la aparición de La Silla dentro de la escena de Valparaíso y de la región le ha hecho muy bien a la música y estoy muy contenta de ser una de sus artistas”, agregó.
El regreso de Chini
Antes de ser Chini.png, fue solo Chini: el apodo que le puso su familia de chica, uno entre varios que corrían por la casa. Empezó a tocar en primero medio, en una banda escolar que se llamaba Usted Tampoco y que duró seis o siete años a punta de covers de Arctic Monkeys y The Strokes. La primera vez que pagó por grabar en un estudio profesional fue, según recuerda entre risas, una experiencia miserable: la trataron con la condescendencia reservada a quien tiene quince años y no sabe nada. «Como, caballero, tengo quince años. Ubíquese», dice que pensaba.
Esa desconfianza hacia las estructuras que se toman demasiado en serio a sí mismas reaparece cuando habla de una bienal de arte a la que fue hace años, y por lo que prefirió otro camino, la escena under, donde, dice, el talento no distingue entre clases sociales ni le importa si alguien es simpático o no.
Chini ya es una persona de renombre. La encargada de cerrar la noche. Ella misma dice que sus letras son un poema sin sentido, pero eso no evitaba que la gente coreara estas mismas con toda la fuerza de sus pulmones. El Club temblaba.
Los gritos resonaban: «¡Otra, otra!», cada vez que una canción terminaba. Un éxito que cerraba el telón de la noche. Sobre La Silla, la respuesta fue simple y sin vueltas: «Me he sentido muy cuidada en todo momento», dijo sobre el equipo.

Después de esa noche queda claro que La Silla se toma la música en serio, pero sin perder la buena onda. Producen con rigor, y a la vez se acuerdan de crear un ambiente grato no solo para sus artistas, también para sus asistentes. Y la cosa sigue, el viernes 31 de julio, acompañan a @patp.at666, aka Pato Patín, en el lanzamiento en vinilo de su nuevo EP Fósforo/Limpiar, en @espaciomanzano; y el 1 de agosto a las 21 horas llega NOT INDIE SHOW al Segundo Piso de Journal, con @jota_ampuero, @rompeola.banda desde San Antonio, @uaco.o y @caleuches_.





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