Durante años, Luisa Barrientos reescribió su historia con un solo propósito: luchar para mejorar su población. Travesti, dirigenta social y actriz sin haberlo planeado, en su trayectoria conviven el circo, la cocina, el tejido comunitario, 830 millones conseguidos para un colegio en ruinas y una nominación a los Copihues de Oro. Desde Montedónico, una de las mujeres más singulares del puerto sigue alzando la voz.
Nació a las 7:40 de la mañana en Playa Ancha, el último día de Libra. Su mamá bajó a pie desde la población Montedónico hasta el Hospital Deformes, casi tres kilómetros cuesta abajo. En el camino encontró 500 pesos tirados en la calle, razón por la que dice que nació con suerte. Luisa le cree.
Siempre ha sido dicharachera, “yo me pego el show, no tengo problema con eso”, dice. Para ella, ese es su don. Desde chica le gustaba hablar mucho, recitar poesía, moverse. Incluso, bailaba danza árabe. A los 16 años ya salía a las discotecas porteñas gay y a los 18 se escapó al circo de la Fabiola, un personaje icónico del mundo travesti local.
“Yo creo que ha sido la mejor experiencia que he tenido en mi vida”, recuerda. Ahí, Luisa hizo lip sync, Pimpinela siendo de sus shows favoritos, usó bikinis y plumas y viajó por el interior del país. En sus palabras, fue donde aprendió, por primera vez, a quererse. Un espacio que, según ella, se fue perdiendo con la llegada de la pasta base a las poblaciones, que destruyó comunidades enteras y acabó con lugares de encuentro como el circo.
Cuando el internet llegó y el circo perdió público, Luisa volvió al cerro. Trabajó en lo que encontrara. En 2015, motivada por su sobrino, optó por la gratuidad y se matriculó en Gastronomía Internacional, carrera que finalizó con un 6,4. “Si él puede, ¿por qué yo no?”, se había preguntado.
“No podemos quedarnos en la pura mariconada”
En 2020, en plena pandemia, Luisa fundó el Comedor Cultural Solidario Montedónico, que hasta hoy funciona “con las chiquillas del barrio. La Jacqueline «la China», la Laurita, la Carol, la Joselin y con el apoyo permanente de don Luis del almacén”. Fue presidenta de la junta de vecinos y desde ahí empezó a gestar cosas concretas: escuelas de verano e invierno y talleres para los chicos de la población. Cuando hubo un problema de bala en el sector, se sentó en una mesa con la delegada presidencial. Le pidió seguridad y la restauración del colegio. El gobierno de Boric invirtió 830 millones de pesos.
“Es que no podemos quedarnos en la pura mariconada. ¿En qué estás aportando? Juegas a la pelota, estás en tu población, preocúpate de ellos. Esa es mi bandera de lucha”, comenta.
Montedónico es una de las poblaciones más antiguas de Valparaíso, y según Luisa “el lugar en el que me tocó vivir y estoy en paz con eso”. Sin embargo, destaca que todavía no tienen basureros, siguen con luminarias antiguas y calles sin nombre, “solo porque no lo han exigido. Pero no importa, porque mientras pueda abrir el hocico desde este cerro, a lo mejor puedo hacer un cambio”. Hoy su rol es otro: gestionar y visibilizar. «Aquí no hay personas malas, hay pocas oportunidades de vivir dignamente», asegura.
“Una sigue siendo travesti”
Ser travesti en una población no es fácil. Un informe de Fundación SOL y OTD revela que las personas trans, travestis y no binarias enfrentan una tasa de desempleo del 17,8% más del doble que la población general. Ella lo vivió en carne propia, durante años tuvo que dejar de ser ella para poder trabajar.
Fue justamente su trabajo comunitario en el cerro lo que llamó la atención del director Tomas Alzamora, quien la convocó para protagonizar Denominación de Origen. Luisa aclara que nunca pensó en caricaturizarse: “Yo estaba haciendo el papel de dirigenta social, ese no era el goleo”. La película se proyectó en televisión abierta por primera vez este año y le valió una nominación a los Copihues de Oro como mejor actriz, “la primera travesti en estarlo”.
Y aunque reconoce las dificultades, no se instala en el lugar de víctima. «De repente nos olvidamos de que tenemos manos, de que nos podemos limpiar solas», dice. Para Luisa, victimizarse es un lujo que no se puede dar quien tiene trabajo que hacer.
“La gente siempre me ha dicho que les doy ánimo. A lo mejor ese es mi don”, reflexiona. Y con esa habilidad, el carisma, la palabra, el show, Luisa Barrientos sigue en Montedónico haciendo lo que sabe: animar el comedor, gestionar talleres, sentarse en mesas con autoridades y no callarse. Construyendo desde donde siempre construyó: desde su población, desde el cerro, desde ella misma.






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